jueves, 25 de junio de 2015

De mi país



“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”
Eduardo Galeano

Estamos en temporada de fútbol. La copa América 2015 llegó con la esperanza de todo mexicano de ganar el primer lugar, o por lo menos de ganarle a Brasil. Sin embargo, por motivos de una segunda selección que no estaba bien preparada, porque México no estaba jugando con los buenos, o por lo que ustedes quieran; nuestro país quedó eliminado sin pasar a la siguiente ronda.
Les voy a hacer franca. Me gustó que perdiera.

Bajen sus lanzas puntiagudas y dejen de apuntarme al corazón, que mi comentario no ha sido explicado aún.

Hace no más de un mes que México tuvo sus respectivas votaciones Federales para la elección  de la mísera cantidad de 500 miembros de la cámara de diputados, la cual se realizó, para mi gusto, igual que todas las veces anteriores. Ya es costumbre que al día siguiente de la elección aparezcan urnas quemadas, gente muerta que acude a votar, huellas mágicas que aparecen y desaparecen, dinero en efectivo en bolsas  con  despensa básica, y no veo lejos el día en que la Virgen de Guadalupe se manifieste en forma de boleta.

Bueno, esto sinceramente no es lo que me molesta. Desde hace poco más de tres años que el presidente actual, con una mayoría de votos que le rompía el alma a todo ser consciente, se instaló en la silla presidencial para realizar una serie de continuos errores que simplemente se veían venir.
Esto dio como resultado un cambio inesperado en la mentalidad de la población, incluso en los que conozco sé que lo apoyaron. Por un tiempo creí que inclusive las redes sociales estaban teniendo su efecto, pues ya no eran campañas sociales realizadas por estudiantes las únicas que estaban siendo escuchadas por estos medios, sino ahora eran miles de personas dando sus puntos de vista que anteriormente o eran reprimidos, o se reprimían solos.

Tranquilos, no los he engañado, lo del fútbol viene después.

Pues así fue por un tiempo, incluso pocos días antes de ésta eleccion se soltó una ola de desprestigio para cierto partido político, que me hizo creer que por primera vez en la historia, ni su escuela, ni sus tan famosos sobornos o intimidación los iban a hacer ganar en mayoría. Oh error, hasta parece que me caí de bebé.

Llegaron los resultados, unos muy predecibles, otros me dejaron con la boca abierta. No solo el partido que tiene al actual presidente de la República volvió a ganar; sino que además del hecho de que entre los candidatos se encontraban personajes (en el mero sentido de seres ficticios, personas o animales. Todo junto de preferencia), gana como presidente municipal de Cuernavaca, un hombre cuyo nivel de cultura política, económica y social se encuentra a mil metros del suelo donde rige la pelota.

Quitando de lado aspectos como partidos emergentes restando votos a otros partidos, candidatos independientes y votos nulos, sentí tanto coraje que tuve que arremeter con el fútbol; perdonen ustedes.

Y sí, no quería que México ganara un partido, porque a este México al tercer día se le olvida todo pero no resucita. Por resultados como éste, México, mi México; no merece un solo día de alivio político.
Éste país necesita recordar siempre, que en ésta tierra los errores se pagan con errores, y quien más que una bola de idiotas corruptos que nos lo recuerden siempre. Al fin y al cabo la mayoría fue electa por el pueblo, el pueblo que tanto los ha visto gozar en base a su sufrimiento.

La historia nos ha dicho que el México que no olvida es el México que vive.

México, yo quiero seguir viviendo.



lunes, 22 de junio de 2015

De lo más misterioso


“Me gusta el silencio, desde que empece a amarte en él”.
Pablo Neruda



Todos tenemos algo misterioso en nuestras vidas. Ese algo que no se le cuenta a nadie, o ese alguien que no cuenta nada.

Mi papá es esa persona que jamás sé que está pensando. Lo observo de reojo mientras maneja extremadamente pensativo y solo lo veo mover la cabeza de un lado a otro, balbucear algunas palabras o mover sus manos como declarando algo; que yo interpreto como preguntarse a sí mismo, o responderse a sí mismo. Aunque sería mejor digno de novela que le  estuviese respondiendo a alguien más.

Bueno, él es mi triángulo de las Bermudas, mi avión del Malaysia Airlines, mi disparo de JFK y mi monstruo del Lago Ness. Su personalidad extremadamente reservada ha dado como resultado un sinfín de regalos, cartas y momentos sin respuesta alguna, por lo que si le gustaron o no, es siempre una interrogante.
Pobres cartas en forma de corbata o peluches con vestidos personalizados de tela, solo Dios sabe si lo lograron.

Pero aquí les va lo curioso. A pesar de que su carácter implica ésta seriedad y misterio constante, ocurre algo cuando se expresa. Su risa o esa cara de no sé qué, que solo pocos sabemos que algo lo esta haciendo feliz como para demostrar una leve sonrisa, son instantes que demuestran su sensibilidad de forma casi primaria, real, honesta.
Y son justamente esos momentos los que recuerdo. Como si se convirtieran en una historia digna de contar en el recinto de un stand Up de comedia o en un momento memorable de mi vida  que se vuelve parte de mi libro de anécdotas personales.



Mi papá me contará poco, pero yo cuento mucho de él.

martes, 16 de junio de 2015

Del miedo.



Ya no le tengo miedo a empezar de nuevo, ni a estar sola, ni a encontrarme a un perro por la calle, ni a caminar en la noche, ni a las alturas, ni a las películas de terror o la montaña rusa. Ya no le tengo miedo a sufrir, ni a ser invisible, ni a las mariposas, y menos a los gatos de otras casas. Ya no le tengo miedo a lo nuevo, ni a los salones de pizarra blanca, ni a los tiburones, ni a quedarme ciega. 
Ya no le tengo miedo a los payasos, ni al portón bajando, ni a no cumplir mis sueños, ni a las cucarachas, y mucho menos, a morir.

Ya no le tengo miedo a nada, porque a lo que le tengo miedo hoy, ayer lo deje de sentir. 

Ya no le tengo miedo a nada, porque a lo que le tuve miedo ayer,  hoy lo deje de sentir. 

Hoy lo dejé de sentir.