“Al fin y al
cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”
Eduardo
Galeano
Estamos en temporada de fútbol. La
copa América 2015 llegó con la esperanza de todo mexicano de ganar el primer
lugar, o por lo menos de ganarle a Brasil. Sin embargo, por motivos de una
segunda selección que no estaba bien preparada, porque México no estaba jugando
con los buenos, o por lo que ustedes quieran; nuestro país quedó eliminado sin
pasar a la siguiente ronda.
Les voy a hacer franca. Me gustó
que perdiera.
Bajen sus lanzas puntiagudas y
dejen de apuntarme al corazón, que mi comentario no ha sido explicado aún.
Hace no más de un mes que México
tuvo sus respectivas votaciones Federales para la elección de la mísera cantidad de 500 miembros de la cámara
de diputados, la cual se realizó, para mi gusto, igual que todas las veces anteriores.
Ya es costumbre que al día siguiente de la elección aparezcan urnas quemadas, gente
muerta que acude a votar, huellas mágicas que aparecen y desaparecen, dinero en
efectivo en bolsas con despensa básica, y no veo lejos el día en que
la Virgen de Guadalupe se manifieste en forma de boleta.
Bueno, esto sinceramente no es lo
que me molesta. Desde hace poco más de tres años que el presidente actual, con
una mayoría de votos que le rompía el alma a todo ser consciente, se instaló en
la silla presidencial para realizar una serie de continuos errores que
simplemente se veían venir.
Esto dio como resultado un cambio
inesperado en la mentalidad de la población, incluso en los que conozco sé que
lo apoyaron. Por un tiempo creí que inclusive las redes sociales estaban
teniendo su efecto, pues ya no eran campañas sociales realizadas por
estudiantes las únicas que estaban siendo escuchadas por estos medios, sino
ahora eran miles de personas dando sus puntos de vista que anteriormente o eran
reprimidos, o se reprimían solos.
Tranquilos, no los he engañado,
lo del fútbol viene después.
Pues así fue por un tiempo,
incluso pocos días antes de ésta eleccion se soltó una ola de desprestigio para
cierto partido político, que me hizo creer que por primera vez en la historia, ni
su escuela, ni sus tan famosos sobornos o intimidación los iban a hacer ganar
en mayoría. Oh error, hasta parece que me caí de bebé.
Llegaron los resultados, unos muy
predecibles, otros me dejaron con la boca abierta. No solo el partido que tiene
al actual presidente de la República volvió a ganar; sino que además del hecho de
que entre los candidatos se encontraban personajes (en el mero sentido de seres
ficticios, personas o animales. Todo junto de preferencia), gana como
presidente municipal de Cuernavaca, un hombre cuyo nivel de cultura política, económica
y social se encuentra a mil metros del suelo donde rige la pelota.
Quitando de lado aspectos como
partidos emergentes restando votos a otros partidos, candidatos independientes
y votos nulos, sentí tanto coraje que tuve que arremeter con el fútbol;
perdonen ustedes.
Y sí, no quería que México ganara
un partido, porque a este México al tercer día se le olvida todo pero no
resucita. Por resultados como éste, México, mi México; no merece un solo día de
alivio político.
Éste país necesita recordar siempre,
que en ésta tierra los errores se pagan con errores, y quien más que una bola
de idiotas corruptos que nos lo recuerden siempre. Al fin y al cabo la mayoría
fue electa por el pueblo, el pueblo que tanto los ha visto gozar en base a su
sufrimiento.
La historia nos ha dicho que el
México que no olvida es el México que vive.
México, yo quiero seguir
viviendo.