sábado, 30 de mayo de 2015

De lo que sé y no sé

“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.”
Antoine de Saint–Exupéry. El principito.


Llueve. Llueve y recargo mi cabeza sobre un cuaderno vacío que aspira a ser llenado de pensamientos, garabatos y tinta. Puede llegarse a pensar que en el momento este cuaderno desea ser más cosas que yo. Y es que ahora si no eres nada por lo menos deberías querer ser alguien, dicen.

Me preguntan quién soy yo, y yo respondo que soy una persona, soy una mujer, soy mamá de dos gatos, uno de ellos autista, y bueno, soy diseñadora industrial. Este último me lo otorgó el tiempo, y no un sistema educativo que está más triste que todos los tristes tigres que tragan trigo, o más bien me lo otorgué yo, pues 6 años de estudio no pasan en vano.  

No me gusta la palabra gremio, me suena a gremlin. Ya sea por eso, o porque el diseño industrial se ha convertido un tanto egoísta y narcisista cuando se habla de pertenecer a este colectivo dado que las discusiones se basan tanto en juicios de valor sobre quién diseña mejor, que me es totalmente intrascendente formar parte de él. Eso, y que soy de esos entes solitarios que prefieren trabajar sola y hacer las cosas bien, sin tener que recibir opiniones de otros que saben pero no hacen o hacen pero no saben.

Bueno, pues en mi mundo de diseño industrial nunca paro, sueño con concursos de mobiliario, las mejores ideas surgen en la regadera, y hasta el Popocatépetl de vez en cuando me parece un render en HD. Como las parejas chapadas a la antigua, sin duda ya me casé con el diseño para toda la vida y no me quejo, al contrario, me satisface saber que soy de esos seres mágicos que desde los 15 años ya sabían lo que querían, de nuevo, como las parejas chapadas a la antigua.

Pausa. Necesito sacar una completa idiotez que no me deja seguir escribiendo. Gizmo también era un gremlin y era hermoso, pero no formaba parte del gremio de los gremlins. Gremio de los gremlins, Me encanta. Listo

También me preguntan que a donde voy, y en este momento me es imposible contestar algo que ni yo sé, repetidas veces se lo he dicho a todos mis tíos en las comidas familiares y por fin mis papás parecen comprenderlo que ahora son ellos los que responden por mí. Los años de estudio en diseño industrial me han servido para muchas cosas menos para saber qué es lo que quiero, y parece ser que mientras más tiempo pasa menos lo sé.

El diseño que se planea es prácticamente una novedad y por eso llamó mi atención. Sigue siendo un mundo desconocido para muchos y un camino tan explorable que incluso me ha llevado a esa indecisión de no saber a dónde voy. Perfecto.

Bien, esto ya parece más una crónica de tardes sin rumbo, pero el clima tiene la culpa, está lloviendo.

Parece ayer cuando llegué del norte a la famosa Puebla de los Ángeles a buscar esa ciudad que se aclamara como mía. Y después del algunos años y constantes aprendizajes, entendí el cambio que he logrado con el tiempo y que veo en mí ya de forma inalterable; La comprensión detrás del objeto.

El ¿Cómo? de las cosas, cualquier persona con sus 5 sentidos sin ser precisamente los más agudos, podría entenderlo, ¿Cómo se ve físicamente? ¿Cómo se realizó? no parece tener demasiado que decir, sin embargo el ¿por qué? suena más interesante.

O bueno, eso para mí es lo que resulta. Siempre he sido una persona a la que le gusta más que decir, escuchar. Oh sí, puedo escucharte horas sin decir una palabra solo porque me parece. Más me vale no quedarme sorda algún día porque entonces sí estamos en problemas.

Ya sabía, desde que empecé a escribir no tenía idea de cuál era el tema y ahora menos.


Pinche clima, es que estaba lloviendo.

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