“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Solo con el corazón se
puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.”
Antoine de Saint–Exupéry. El principito.
Llueve. Llueve y
recargo mi cabeza sobre un cuaderno vacío que aspira a ser llenado de
pensamientos, garabatos y tinta. Puede llegarse a pensar que en el momento este
cuaderno desea ser más cosas que yo. Y es que ahora si no eres nada por lo
menos deberías querer ser alguien, dicen.
Me preguntan quién
soy yo, y yo respondo que soy una persona, soy una mujer, soy mamá de dos
gatos, uno de ellos autista, y bueno, soy diseñadora industrial. Este último me
lo otorgó el tiempo, y no un sistema educativo que está más triste que todos
los tristes tigres que tragan trigo, o más bien me lo otorgué yo, pues 6 años
de estudio no pasan en vano.
No me gusta la
palabra gremio, me suena a gremlin. Ya sea por eso, o porque el diseño
industrial se ha convertido un tanto egoísta y narcisista cuando se habla de
pertenecer a este colectivo dado que las discusiones se basan tanto en juicios
de valor sobre quién diseña mejor, que me es totalmente intrascendente formar
parte de él. Eso, y que soy de esos entes solitarios que prefieren trabajar
sola y hacer las cosas bien, sin tener que recibir opiniones de otros que saben
pero no hacen o hacen pero no saben.
Bueno, pues en
mi mundo de diseño industrial nunca paro, sueño con concursos de mobiliario,
las mejores ideas surgen en la regadera, y hasta el Popocatépetl de vez en
cuando me parece un render en HD. Como las parejas chapadas a la antigua, sin
duda ya me casé con el diseño para toda la vida y no me quejo, al contrario, me
satisface saber que soy de esos seres mágicos que desde los 15 años ya sabían
lo que querían, de nuevo, como las parejas chapadas a la antigua.
Pausa. Necesito
sacar una completa idiotez que no me deja seguir escribiendo. Gizmo también era
un gremlin y era hermoso, pero no formaba parte del gremio de los gremlins.
Gremio de los gremlins, Me encanta. Listo
También me
preguntan que a donde voy, y en este momento me es imposible contestar algo que
ni yo sé, repetidas veces se lo he dicho a todos mis tíos en las comidas
familiares y por fin mis papás parecen comprenderlo que ahora son ellos los que
responden por mí. Los años de estudio en diseño industrial me han servido para
muchas cosas menos para saber qué es lo que quiero, y parece ser que mientras
más tiempo pasa menos lo sé.
El diseño que se
planea es prácticamente una novedad y por eso llamó mi atención. Sigue siendo
un mundo desconocido para muchos y un camino tan explorable que incluso me ha
llevado a esa indecisión de no saber a dónde voy. Perfecto.
Bien, esto ya
parece más una crónica de tardes sin rumbo, pero el clima tiene la culpa, está
lloviendo.
Parece ayer
cuando llegué del norte a la famosa Puebla de los Ángeles a buscar esa ciudad
que se aclamara como mía. Y después del algunos años y constantes aprendizajes,
entendí el cambio que he logrado con el tiempo y que veo en mí ya de forma inalterable;
La comprensión detrás del objeto.
El ¿Cómo? de las
cosas, cualquier persona con sus 5 sentidos sin ser precisamente los más agudos,
podría entenderlo, ¿Cómo se ve físicamente? ¿Cómo se realizó? no parece tener demasiado
que decir, sin embargo el ¿por qué? suena más interesante.
O bueno, eso
para mí es lo que resulta. Siempre he sido una persona a la que le gusta más
que decir, escuchar. Oh sí, puedo escucharte horas sin decir una palabra solo
porque me parece. Más me vale no quedarme sorda algún día porque entonces sí
estamos en problemas.
Ya sabía, desde
que empecé a escribir no tenía idea de cuál era el tema y ahora menos.
Pinche clima, es
que estaba lloviendo.
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