“Porque para quererte no necesito tenerte, te
quiero libre; conmigo o sin mí. Te ofrezco mis brazos para estar juntos, o te
doy mis alas para dejarte volar.”
Ya es tarde y no pensaba escribir, pero luego me acordé de la cosa más
hermosa del mundo y dije, sí, ellos querrían saber quién es y no los voy a
dejar sin dormir.
Bueno, imagínense a un pollito pequeño, lo más chiquito que puedan sin
que pierda su forma. Ahora vístanlo con un diminuto vestido de algodón con
algunas margaritas dibujadas en el textil, un gran moño rosa en su cabeza y
unos ojos de punto bien grandes y bien brillosos.
Bien, pues esa cosita pequeña y hermosa es mi mamá. El polluelo más
indefenso de todos, de esos que te dan ganas de llevar a casa para que no lo
vaya a aplastar algún camión por ahí.
Mi mamá, para los que ya la conocen, definitivamente me dirían (léase
con voz de mazatleco) - Oye Dani, vi a tu mamá caminando por la calle, casi la
aplasta un camión-; Y para los que no, bueno, pues ella es lo más parecido a un
ángel para mí, y si, para mí un ángel viene en forma de pollo.
No mamá, no tiene nada que ver con tus piernas, para mí no son de pollo,
solo están delgadas; y no mamá, no neciamente el ángel tiene forma de pollo,
solo lo escribí porque en ese momento así lo imaginé. ¡Ay mamá, ya déjame
escribir en paz!
Bien, ella ese ser que me desespera, me impacienta, me enoja y le grito,
todo eso pero en diferente orden, y al segundo de decir la última palabra ya me
estoy arrepintiendo. Siempre, en el mismo orden.
No mamá, no estoy contando de tu vida, ya sé que es privada, solo estoy
escribiendo lo que yo siento porque te quiero. No mamá no voy a escribir lo que
haces.
Pues mi mamá hace de todo. Cuida enfermos, alimenta indigentes, le da
asilo a los viejos, los baña, los cambia, y todavía peor, les da todo su amor.
No es que ponga celosa, es solo que desde hace ya algunos años las calles de
Mazatlán se han visto envueltas por un surruro delgado como la brisa del mar,
de una soledad casi inmutable, que dice: Amparo
Y este susurro no viene precisamente de la voz de las más finas
personas, sino de aquellos cuerpos haraposos que se mueven en las calurosas
calles de la ciudad buscando un refugio para pasar la noche.
Amparo, como siempre, les responde cada día extendiéndoles su mano, un –Adelante,
mijito, pásale a comer, y alguna frase alentadora que le termina aguando los
ojos a ella.
Es solo que tan pocas personas se han percatado de esto, que yo tenía
que contarles pese a la voluntad de mi mamá, que aún se resiste a contar su historia
porque ella simplemente peca de humilde y jamás aceptaría que la vanagloriaran por
algo que ella hace por amor.
Ella vive para amar y lo hace, la cosa más hermosa del mundo es feliz y
eso me hace a mi feliz.


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