sábado, 30 de mayo de 2015

De tí.

¿No sabes una cosa? Es posible que nunca hayas pensado en ello, pero te lo voy a decir en secreto: te quiero.
Ayer a las 12 de la noche te quería mucho, y ahora a punto de salir para la escuela, voy a volverte a querer.
Todos los días te quiero de las 10 de la mañana a las 4 de la tarde, de las 4 de la tarde a las 8 de la noche y de las 8 de la noche a las a las 2 de la madrugada. Después de las 2 de la madrugada te sueño y te quiero.
Jaime Sabines


Ayer te contaba mientras manejabas, que cada persona encuentra su ciudad ideal y que es un pensamiento que tengo desde hace ya algunos años, porque lamentablemente nací en un lugar que nunca fue mío, y me fui a estudiar como primeriza a otra ciudad que desde que llegué, me rechazó.

Y ayer te dije: -Desde hace 4 insomnios he pensado que Puebla tal vez no es mi ciudad, ni la tuya; porque aquí la gente es demasiado pretenciosa, y yo no era así cuando llegué, dando por hecho que ya lo soy un poco.

Tú me respondiste: - Tal vez tengas razón, pero tal vez todas las ciudades son así y solo eres tú el que cambia.

Pero yo te contesté: Sí, pero yo creo en verdad que existe ese lugar donde puedes ser simplemente feliz.

Y fue todo, hablamos 10 minutos más sobre el tema porque teníamos más hambre que ganas de platicar. Pero hoy, me respondí lo que te estaba diciendo ayer.

Hoy te vi llegar como 4 veces a mi casa y otras 4 te fuiste, durante cada una nos reímos y bailamos, lo de siempre, y en la última llegaste con un vasito conteniendo algo que sabes que me encanta, y solo tenías que venir a dejármelo solo porque sé cuánto me amas.

Y de repente todo lo entendí. Son pocos los días en que no tratas de hacerme la mujer más feliz del mundo con lo que sea que tengas a la mano; un dulce, una flor, un chiste, un baile, un petete, como tú y yo le decimos. Entonces aquí, justo en éste pequeño espacio del mundo donde tú y yo nos encontramos, ésta diminuta área comparada con la inmensidad de la tierra en la que tú y yo estamos juntos, es a lo que llamo hogar.

Ésta sí es mi ciudad porque tú te encuentras en ella, y te prometo, que esté donde esté, mientras estemos juntos, podré decir que he encontrado el lugar donde soy simplemente feliz. A tu lado.


De lo que sé y no sé

“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.”
Antoine de Saint–Exupéry. El principito.


Llueve. Llueve y recargo mi cabeza sobre un cuaderno vacío que aspira a ser llenado de pensamientos, garabatos y tinta. Puede llegarse a pensar que en el momento este cuaderno desea ser más cosas que yo. Y es que ahora si no eres nada por lo menos deberías querer ser alguien, dicen.

Me preguntan quién soy yo, y yo respondo que soy una persona, soy una mujer, soy mamá de dos gatos, uno de ellos autista, y bueno, soy diseñadora industrial. Este último me lo otorgó el tiempo, y no un sistema educativo que está más triste que todos los tristes tigres que tragan trigo, o más bien me lo otorgué yo, pues 6 años de estudio no pasan en vano.  

No me gusta la palabra gremio, me suena a gremlin. Ya sea por eso, o porque el diseño industrial se ha convertido un tanto egoísta y narcisista cuando se habla de pertenecer a este colectivo dado que las discusiones se basan tanto en juicios de valor sobre quién diseña mejor, que me es totalmente intrascendente formar parte de él. Eso, y que soy de esos entes solitarios que prefieren trabajar sola y hacer las cosas bien, sin tener que recibir opiniones de otros que saben pero no hacen o hacen pero no saben.

Bueno, pues en mi mundo de diseño industrial nunca paro, sueño con concursos de mobiliario, las mejores ideas surgen en la regadera, y hasta el Popocatépetl de vez en cuando me parece un render en HD. Como las parejas chapadas a la antigua, sin duda ya me casé con el diseño para toda la vida y no me quejo, al contrario, me satisface saber que soy de esos seres mágicos que desde los 15 años ya sabían lo que querían, de nuevo, como las parejas chapadas a la antigua.

Pausa. Necesito sacar una completa idiotez que no me deja seguir escribiendo. Gizmo también era un gremlin y era hermoso, pero no formaba parte del gremio de los gremlins. Gremio de los gremlins, Me encanta. Listo

También me preguntan que a donde voy, y en este momento me es imposible contestar algo que ni yo sé, repetidas veces se lo he dicho a todos mis tíos en las comidas familiares y por fin mis papás parecen comprenderlo que ahora son ellos los que responden por mí. Los años de estudio en diseño industrial me han servido para muchas cosas menos para saber qué es lo que quiero, y parece ser que mientras más tiempo pasa menos lo sé.

El diseño que se planea es prácticamente una novedad y por eso llamó mi atención. Sigue siendo un mundo desconocido para muchos y un camino tan explorable que incluso me ha llevado a esa indecisión de no saber a dónde voy. Perfecto.

Bien, esto ya parece más una crónica de tardes sin rumbo, pero el clima tiene la culpa, está lloviendo.

Parece ayer cuando llegué del norte a la famosa Puebla de los Ángeles a buscar esa ciudad que se aclamara como mía. Y después del algunos años y constantes aprendizajes, entendí el cambio que he logrado con el tiempo y que veo en mí ya de forma inalterable; La comprensión detrás del objeto.

El ¿Cómo? de las cosas, cualquier persona con sus 5 sentidos sin ser precisamente los más agudos, podría entenderlo, ¿Cómo se ve físicamente? ¿Cómo se realizó? no parece tener demasiado que decir, sin embargo el ¿por qué? suena más interesante.

O bueno, eso para mí es lo que resulta. Siempre he sido una persona a la que le gusta más que decir, escuchar. Oh sí, puedo escucharte horas sin decir una palabra solo porque me parece. Más me vale no quedarme sorda algún día porque entonces sí estamos en problemas.

Ya sabía, desde que empecé a escribir no tenía idea de cuál era el tema y ahora menos.


Pinche clima, es que estaba lloviendo.

lunes, 25 de mayo de 2015

De la cosa mas hermosa del mundo.



“Porque para quererte no necesito tenerte, te quiero libre; conmigo o sin mí. Te ofrezco mis brazos para estar juntos, o te doy mis alas para dejarte volar.”


Ya es tarde y no pensaba escribir, pero luego me acordé de la cosa más hermosa del mundo y dije, sí, ellos querrían saber quién es y no los voy a dejar sin dormir.

Bueno, imagínense a un pollito pequeño, lo más chiquito que puedan sin que pierda su forma. Ahora vístanlo con un diminuto vestido de algodón con algunas margaritas dibujadas en el textil, un gran moño rosa en su cabeza y unos ojos de punto bien grandes y bien brillosos.

Bien, pues esa cosita pequeña y hermosa es mi mamá. El polluelo más indefenso de todos, de esos que te dan ganas de llevar a casa para que no lo vaya a aplastar algún camión por ahí. 
Mi mamá, para los que ya la conocen, definitivamente me dirían (léase con voz de mazatleco) - Oye Dani, vi a tu mamá caminando por la calle, casi la aplasta un camión-; Y para los que no, bueno, pues ella es lo más parecido a un ángel para mí, y si, para mí un ángel viene en forma de pollo.

No mamá, no tiene nada que ver con tus piernas, para mí no son de pollo, solo están delgadas; y no mamá, no neciamente el ángel tiene forma de pollo, solo lo escribí porque en ese momento así lo imaginé. ¡Ay mamá, ya déjame escribir en paz!

Bien, ella ese ser que me desespera, me impacienta, me enoja y le grito, todo eso pero en diferente orden, y al segundo de decir la última palabra ya me estoy arrepintiendo. Siempre, en el mismo orden.

No mamá, no estoy contando de tu vida, ya sé que es privada, solo estoy escribiendo lo que yo siento porque te quiero. No mamá no voy a escribir lo que haces.

Pues mi mamá hace de todo. Cuida enfermos, alimenta indigentes, le da asilo a los viejos, los baña, los cambia, y todavía peor, les da todo su amor. No es que ponga celosa, es solo que desde hace ya algunos años las calles de Mazatlán se han visto envueltas por un surruro delgado como la brisa del mar, de una soledad casi inmutable, que dice: Amparo
Y este susurro no viene precisamente de la voz de las más finas personas, sino de aquellos cuerpos haraposos que se mueven en las calurosas calles de la ciudad buscando un refugio para pasar la noche.
Amparo, como siempre, les responde cada día extendiéndoles su mano, un –Adelante, mijito, pásale a comer, y alguna frase alentadora que le termina aguando los ojos a ella.


Es solo que tan pocas personas se han percatado de esto, que yo tenía que contarles pese a la voluntad de mi mamá, que aún se resiste a contar su historia porque ella simplemente peca de humilde y jamás aceptaría que la vanagloriaran por algo que ella hace por amor.

Ella vive para amar y lo hace, la cosa más hermosa del mundo es feliz y eso me hace a mi feliz.